Durante el Conflicto Armado Interno, intelectuales, académicos y estudiantes fueron asesinados por sus ideales y convicciones.
En la Universidad de San Carlos -USAC-, a inicios de la década de los 80’s, muchos estudiantes y docentes organizados realizaban sus labores clandestinamente, adoptando medidas de seguridad más severas. Muchos de ellos entraban y salían del campus universitario por barrancos adyacentes y no por los accesos principales. Nadie permanecía en el campus a altas horas de la noche, como se solía hacer en los años de la lucha social. Se redujeron los horarios de clases y se pintaron desde el exterior las ventanas de los salones de los edificios para impedir la identificación de estudiantes y su secuestro y/o asesinato.
El órgano oficial de la USAC, Siete Días, que inicialmente denunciaba los hechos de violencia contra los universitarios y sectores populares, se convirtió en un instrumento de las autoridades para criticar las actitudes de estudiantes “beligerantes”. Cuando Mario Dary, fue electo como rector de la universidad para el período de 1981 a 1985, el movimiento estudiantil fue menguando poco a poco. Dary fue asesinado en diciembre del mismo año por el Comité de Resistencia Popular (CRP) vinculado por la prensa a grupos guerrilleros.
Sin embargo, la actitud estatal represiva continuó contra la universidad. El patrón de violencia parecía ser un plan de atacar a diferentes facultades por determinados períodos, asesinando usualmente a los titulares. Entre las víctimas de esa represión, se encuentran la muerte el 25 de febrero de 1981, del profesor y ex dirigente estudiantil, Mario Arnoldo Castro Pérez, quien era asesor jurídico de Rectoría. El 21 de mayo del mismo año, fue secuestrado y asesinado Arturo Soto Avendaño, profesor de medicina. Tres días después de su secuestro, su cadáver fue arrojado en la entrada de la ciudad universitaria con señales de tortura.
Entre 1980 y 1983, 80 profesores o administradores universitarios fueron asesinados. Hacia julio de 1982, cuando terminó la amnistía ofrecida por Ríos Montt, el nivel de violencia extrajudicial aumentó en todo el país. Tan solo en 4 meses, 22 universitarios fueron desaparecidos. La práctica de la desaparición forzada se convirtió en el método preferido para combatir a la oposición de los gobiernos militares. Entre febrero y mayo de 1984, fueron desaparecidos 20 estudiantes más y un profesor de la universidad. Para 1984, la mayoría de profesionales progresistas estaban muertos o en el exilio. El terror llegó a su auge la semana del 15 de mayo, en donde fueron secuestrando uno a uno, los dirigentes de la AEU.
El 3 de septiembre de 1985, ocurrió la violación más grande y abierta en contra de la autonomía universitaria desde 1954, un tanque de guerra arrancaba totalmente la puerta de entrada de la Ciudad Universitaria, dando paso a unos 500 soldados que invadieron el campus durante cuatro días. En 1988 y 1989 la violencia contra el movimiento estudiantil recrudeció. Se llevaron a cabo campañas de secuestros en contra de dirigentes, ex dirigentes estudiantiles y estudiantes, resultando de ello, un gran número de víctimas de cada una de las facultades y escuelas de la USAC.
Fuente: http://www.repositorio.usac.edu.gt/11502/1/13%20T%281917%29.pdf
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